Por amor, convicción y justicia, la abogada Fany Rodríguez Hernández logró lo impensable al ganar un amparo histórico que salvó a Lobita, una perrita de edad avanzada, del desalojo y del abandono.

La historia de Lobita la leí en redes sociales y, como a muchas personas, me tocó el corazón. Ver cómo una abogada decidió defenderla no solo con leyes, sino con amor y empatía, confirma que aún hay causas que se ganan desde la humanidad.

La resolución marcó un hito en México al reconocer a los animales como sujetos de derecho, rompiendo con la idea de que son solo propiedad.

La perrita vivió durante ocho años en el Hospital Infantil de Morelia y ahora las autoridades le permiten quedarse donde siempre ha estado su hogar.

Este acto de amor jurídico no solo protegió una vida, también abrió el camino a la Ley Lobita, una iniciativa que busca presupuesto real para refugios y atención médica animal.

Porque cuando la justicia se ejerce con corazón, también ladra, siente y salva.

Por Mayra Sierra / Inteligencia Colectiva

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