•          ¿Persistirá la cultura de odio; por cuánto tiempo?

•          ¿Seguirán los partidos secuestrados por élites, pragmáticas y corruptas?

Los partidos políticos son como las religiones. Todos y todas en teoría buscan el bien y el desarrollo social y humano. Ningún partido tiene algo contrario en sus documentos básicos; ninguna iglesia señala no hacer el bien en su liturgia y ética.

Partidos e iglesias buscan el bien común, pero la diferencia está en el modo de lograrlo; en esa lucha se llega al odio y a la masacre; a la aniquilación del otro.

Partidos e iglesias buscan el bien común, pero la diferencia está en el modo de lograrlo; en esa lucha se llega al odio y a la masacre; a la aniquilación del otro. El odio es el mismo, tan letal, sea por temas partidistas o por la forma de interpretar las sagradas escrituras. Vivimos un odio político y religioso, cuando debería imperar una democracia pulida y avanzada.

Hoy estamos peor, mucho peor, que en la democracia clásica de hace 400-300 años antes de nuestra era supuestamente cristiana; en lugar de avanzar hemos retrocedido en comparación con aquella república greco-romana de hace dos mil 500 años.

El oscurantismo (500-1500 dc)

Durante mil años que duró la edad media (500-1500dc) se abandonó la democracia para imponer, con la espada y la cruz, un estatus injusto; esclavista del cuerpo y las almas. Se guardaron con tres candados lo escrito sobre república, democracia, elecciones, pueblo, sociedad, conocimiento… Por eso le llaman oscurantismo.

El odio es una forma de oscurantismo

Político o religioso; hoy el verbo odiar, es moneda común en todos los niveles y estratos, en la actual era “Después de Cristo D.C.”. Odio interno y externo. Se odia al enemigo como al compañero de partido o de iglesia; se tira a matar, hacia afuera y hacia adentro, lo que sea necesario.

La iglesia católica nació para acompañar a la humanidad en su vida espiritual y en nombre de la cruz en una mano, hundió su espada con la otra, masacrando vidas, abusando sexualmente, incluyendo niñas y niños, en diversos momentos y regiones de su dominio.

Desde su nacimiento, la iglesia católica es un Estado controlado por una élite; una nomenclatura religiosa desde Roma; colmada de pus por la corrupción del cuerpo y el alma.

La espada y la cruz fue la bandera ideológica de la iglesia en la edad media y después de mil años de experiencia, llegaron a América Latina a hacer lo mismo con toda esa metodología de coloniaje desarrollada en Europa y Asia.

Entonces hoy, los partidos, ¡qué van a estar consultando a sus militancias o a la sociedad!; una élite mantiene secuestrado a cada partido y ellos toman las decisiones. Derechas e izquierdas, se convierten en entelequias para la distracción, la subordinación y el control.

No pasa nada. Siguen haciendo la parafernalia, la simulación de lo legítimo, el método disfrazado. No hay rubor ni mucho menos sentimiento de culpa.

Deberían reformar las leyes para que sea obligatorio: el voto libre y secreto de su militancia, para elegir dirigencias y cargos de elección popular, en todos los niveles, nacional, estatal, municipal, distrital, seccional… Punto. Usted tiene la última palabra.

Por Jorge A. Martínez Lugo

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